A propósito de un muy doloroso asunto
Últimamente he leido algunos artículos que hacen alusión a cierta polémica en la que se pretende involucrar a Silvio Rodríguez con Pablo Milanés, y estoy convencido que no existe tal, entre otras cosas por imposible. Polémica ha sido la actitud de Pablo consigo mismo y con sus canciones, las mismas que a centenares de miles de personas en el mundo conmovieron y ofrecieron asideros para la reflexión durante más de cuarenta y cinco años.
Que Silvio, trovador mayor, decida salir en defensa de los intelectuales cubanos a los que Pablo acusa de cobardes por firmar una adhesión a defender Cuba, atacada constantemente desde el Miami punta de lanza de la derecha fascista de los Estados Unidos, es la cosa más natural del mundo. (Por cierto, creo que el único intelectual miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba que no firmó fue Pablo).
Que hombres y mujeres de Cuba y de otros lares, para quienes Pablo ha sido una compañía sonora de dignidad, solidaridad y amor se sientan defraudados y quieran decirle su enfado, me parece la cosa más natural del mundo.
Lo que no me parece natural es que con todas las opiniones que ha tenido Pablo Milanés, no hubiera expresado siquiera alguna de ellas en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, órgano máximo de gobierno del país de la que fue miembro aunque jamás asistió, ni tampoco en las asambleas del barrio donde se han discutido infinidad de planteamientos muy sólidos en los últimos años.
Lo que no me parece natural es que tantas opiniones no hayan dado lugar a canciones, de las que Pablo sabía componer muy bien.
Lo que no me parece natural es que no haya ofrecido opiniones a la prensa cubana, también considerada muy mal por Pablo, porque hace muchos no acepta entrevistas.
Lo que no me parece natural es que en la gira que Pablo realizó por Cuba hace pocos meses no dijera una sola de las opiniones que ofrece a la prensa española y ahora a la más reclacitrante prensa enemiga de nuestro país.
Lo que no me parece natural es que teniendo en las venas sangre del Bayamo irrredento no haya pensado que a la Trova Cubana no se le debe traicionar porque es la Patria misma.
En muchas partes del mundo no se comprende bien el concepto que los cubanos tenemos sobre la Patria. Quizás pudieran leerlo en José Martí, en cualquier texto desde que era un adolescente, y ya con más definición y potencia en los textos escritos en los Estados Unidos. Quizás pudieran dar una ojeada el concepto que tienen George W. Bush o Barack Obama y hacer justamente lo contrario.
El origen de esta situación -repito que no entre Silvio y Pablo sino entre Pablo y medio mundo-, es la bronca cubana con los gobiernos estadounidenses que viene desde el Siglo XIX cuando intervinieron en nuestra guerra de independencia, ya prácticamente ganada contra el colonialismo español, arrebatándonos la victoria. Durante todo el Siglo XX intervinieron cada vez que levantábamos vuelo, cortando alas, hasta que irrumpió Fidel en la historia de Cuba. Luego en enero de 1959, los mismos yanquis que apoyaron al tirano Batista hasta el 31 de diciembre de 1958, recibieron a TODOS los asesinos batistianos que lograron huir y que habían colaborado en la muerte y de sapariciones de 20,000 personas, revolucionarias o no, entre 1953 y 1958, y que se robaron el erario público de la nación cubana. Parte de esos dineros sirvieron de base después a diversas organizaciones contrarrevolucionarias en los Estados Unidos, entre ellas la Fundación Nacional Cubano Americana, la de Jorge Más Canosa, Ileana Ross Lethinen, Lincoln y Mario Díaz Balart, Luis Posada Carriles, José Basulto, Carlos Alberto Montaner y muchísimos teroristas y asesinos más durante estos 50 y tantos años.
Las Damas de Blanco, señoras por lo general esposas y parientes de hombres que, pagados por los Estados Unidos hacían trabajos disímiles contra el gobierno cubano (en muchísimos países a eso le llaman traición, mercenarismo y cosas por el estilo) y por ello guardaban prisión con diversas condenas, marchaban en silencio por la 5ta Avenida de Miramar, vía por donde se transita a zonas importantes de embajadas, centros comerciales y de negocios, y también por donde se mueven los dirigentes más altos del país. Bueno, ya hace un tiempo TODOS sus parientes salieron de la cárcel y la mayoría también del país, y ellas siguen marchando en silencio porque de lo contrario no cobrarían los dividendos que les siguen pagando los funcionarios de la oficina de intereses de los Estados Unidos en La Habana. (Esto puede verificarse con cables de Wikileaks, si no se quiere investigar por Cubadebate u otros blogs más o menos oficiales.)
Los Cinco cubanos presos en Estados Unidos desde hace trece años, lo están porque buscaban información que nos permitiera evitar los desmanes de los que, desde ese país e impunemente, contrataban mercenarios para poner bombas y llevar a cabo todo tipo de actos terroristas contra Cuba y a veces también dentro de los mismos Estados Unidos. La información que Cuba le ofreció al gobierno norteamericano para que detuviera a los terroristas que tenía en su territorio fue utilizada para encarcelar, exclusivamente y de manera innombrable por vergonzosa, a estos Cinco Héroes de la República de Cuba. Los terroristas verdaderos están siendo homenajeados y paseándose por Miami.
Nuestra relación con los Estados Unidos es, lamentablemente, política, y también por el lado de allá. Por lo que no podemos ni ser ingenuos ni pecar de tontos. Porque “En el imperialismo no se puede confiar ni tantico así”.
A la fauna mafiosa mencionada más arriba le rindió pleitesía nuestro Pablo, y además por Radio y Televisión Martí, engendros de la falsificación mediática. Para muchísimos de nosotros, trovadores vivos y muertos, es algo que resulta imperdonable.
Los ídolos, mientras más altura alcanzan, más bajo caen. Creo que Silvio salió en defensa de todos a quienes Pablo explícitamente tachó de cobardes y vendidos al gobierno. Nadie más podía haberlo hecho con más derecho, en nombre de la Trova Cubana desde Castillo, Céspedes y Fornaris y de la Cultura en general.
Estoy convencido que Pablo está mal de su cabeza. Nadie en sano juicio es capaz de decir que va a cantar para los cubanos en Miami, de los cuales un por ciento altísimo creció con sus canciones -entre otras- y luego hablar especialmente para los batistianos sirviendo su propia cabeza en bandeja de plata. A nadie se le habría ocurrido. Solo a un ego perdido en sí mismo le resultaría posible.
Coincidimos muchos en que quien más pierde es la Cultura Cubana, es decir, la Patria. Pero la traición es común a los hombres, y de peores Cuba, aunque lacerada, ha salido y seguirá saliendo ilesa.
Vicente Feliú, trovador cubano.
14 de septiembre de 2011
Blog personal de Vicente Feliú, fundador de la Nueva Trova y Coordinador General del proyecto cultural para la canción iberoamericana CANTO DE TODOS.
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jueves, 15 de septiembre de 2011
Tomado de Cubadebate
Carta a Silvio Rodríguez: Travesía Trova-Patria
Ciro Benemelis
11 Septiembre 2011
Hermano Silvio:
Hace un tiempo alguien me dijo “la historia de Cuba, casi se puede contar a través de la historia de la música cubana.” Te confieso que de momento aquella afirmación me pareció exagerada pero luego, meditando, recordé lo que mí padre y mis tíos me habían enseñado y que sumé a mis experiencias también por cuenta propia.
Recordé que los géneros de la música cubana casi en su totalidad, tienen una historia muy unida a la identidad y nacionalidad de los cubanos, pero me di cuenta que la cancionística, y en especial la trova, de todos los tiempos, tiene una gran significación y que un gran porcentaje de la obra de los trovadores estaba dedicada a la patria y sus luchas, a la soberanía, a los héroes y a nuestras guerras de independencia.
A finales de la guerra del 95, Pepe Sánchez compuso una obra que tituló “Cuba Libre” la que terminaba con la frase “patria o muerte” como una premonición de lo que muchos años después Fidel convertiría en el grito de guerra de todo un pueblo.
Pepe Sánchez también escribió “Himno a Maceo” y el compositor guantanamero José Sabin compuso a principios del siglo XX “Maceo y Martí” que todos conocemos como “En opuestas regiones”.
En 1851 se estrenó “La Bayamesa” de Céspedes y Fornaris que se convirtió en un canto de amor y lucha y luego Sindo Garay compuso “Mujer Bayamesa” que relata con aguda belleza la valentía de la mujer cubana con aquello de “pero si siente de la patria el grito, todo lo deja, todo lo quema, ese es su lema, su religión”.
El santiaguero Ramón Ivonet, que llegó a obtener los grados de teniente coronel y fue el abanderado de Antonio Maceo en la invasión a occidente era un excelente trovador.
Doriteo Arango director de la banda de música que acompañaba a Maceo ejecutó el Himno Invasor de Loynaz del Castillo que inicialmente se llamaba Himno a Maceo y este pidió que le pusieran Himno Invasor. Luego en 1903, el también santiaguero y uno de los grandes de la trova, Alberto Villalón, le pondría música a “Martí” con letra de Francisco Eligio y luego compondría “La Palma”, dedicada a Máximo Gómez y cuando este murió hizo otra composición que le llamó” La Palma Herida”.
En fecha tan temprana como 1918 Rosendo Ruiz escribiría el himno “Redención”, en que por primera vez, se mencionaba la palabra socialismo en homenaje a la revolución rusa y que se estrenó un 1ro de mayo…
En 1926 Sindo Garay compuso “El huracán y la palma” y todos sabemos que la palma es una de las identidades más simbólicas de la patria que el huracán no podía derribar. En la década del 40 del pasado siglo Salvador Adams realizó su obra “Altiva es la Palma “como un homenaje precisamente a la altivez de Cuba.
La lista sería, para orgullo nuestro, interminable y refleja la actitud consecuente con la patria y sus luchas de los músicos y especialmente de los trovadores cubanos.
Al triunfo de la revolución aparecieron los nuevos trovadores, herederos de aquel movimiento que hoy llaman Trova Tradicional.
Por razones familiares, que tu bien conoces, desde mi infancia me moví entre trovadores, de los cuales aprendí la mayoría de los temas que cantaba en los actos cívicos de mi escuela pública, todos los viernes, donde con pupitres ruinosos y pizarras de cualquier color, sacrificados profesores y profesoras, nos enseñaban ante todo a amar la tierra que nos vio nacer y a no traicionarla nunca y allí aprendimos de los mambises y de otros próceres que siempre defendieron la identidad y la nacionalidad cubanas con sus errores y aciertos y sin concesiones anexionistas para los que nos veían como “la fruta madura”.
Los de mi generación, si son honestos, saben de lo que escribo. Vino el triunfo revolucionario en 1959 y otros trovadores tomaron la bandera y continuaron la tradición de cantarle a la mujer, a los amores familiares y a la patria nueva, soberana y libre. Esos trovadores también fueron y siguen siendo contestatarios y rebeldes contra lo mal hecho, nuestras insuficiencias, errores, intolerancias y burocratismo. Silvio con “Resumen de noticias”, Pablo con “Pobre del cantor, Noel con “Comienzo el día”, Vicente con “Créeme” y Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Santiago Feliú y muchos otros que vinieron después y siguen llegando, nos dieron y nos dan, una lección de patriotismo y dignidad que enaltecen nuestro orgullo de ser cubanos.
Desde sus obras, también se puede relatar la historia de esa etapa de Cuba; lástima que algunos hayan perdido la memoria y hagan tabla rasa de lo alcanzado y vivido. Los viejos trovadores y también los nuevos no lo admitirán.
Ahora, en los nuevos tiempos, aparece entonces un personaje hosco y lóbrego llamado Carlos Alberto Montaner a querer dar clases de historia y conciliaciones políticas en las que falsea aspectos de las guerras del 68 y 95, cuenta a su manera la historia de la republica secuestrada en 1902, pasando por los “buenos y conciliadores machadistas”. Por ese camino llegará seguro a Batista y sus bondades.
Con ese señor, que según algunos aspira a ser Presidente de Cuba cuando caiga la revolución es un terrorista confeso, no hay nada que hablar o dialogar. Hay muchos cubanos honestos en los E.U.A y otras latitudes con los cuales si valdría hablar y reconciliarnos.
No fuimos nosotros quienes entronizamos el odio, la violencia, nunca fuimos a Estados Unidos a agredir, a asesinar inocentes, ni a preparar atentados a aviones de civiles, no se puede hablar de nuestros defectos cuando no se es capaz de denunciar a Posada Carriles y sus crímenes evidentes y confesos o abogar por la libertad de lo que están injustamente presos por luchar contra el terrorismo que tanta sangre ha costado a nuestro noble pueblo.
Los tiempos cambiaron un poco o a lo mejor mucho, pero nuestra utopía siguió en pie y la preferimos al servilismo y la entrega a nuestros enemigos.
En nombre de esa utopía cometimos muchos errores y hasta injusticias. Personajes que hoy no están hicieron de la doble moral un modo de vivir y actuar y de seguro inocularon en muchos el virus de la simulación, la cual hoy permanece en muchos y que hay que echarlos a un lado. En ese camino andamos.
Es cierto, hay tozudeces que nos han hecho daño y que hay mucho que cambiar y rectificar. De eso nos encargaremos nosotros mismos, a nuestra manera, lejos de los recodos y turbios afanes de personajes como Montaner y otra larga lista conocida.
Como tus has dicho en ocasiones, tenemos que lavar nuestros trapos sucios en la casa sin darle “ni tantito así” a un enemigo que desde 1959 nos atacó por querer ser libres y trató de aplastarnos, no con aplanadoras sino con bombas nucleares.
Ojalá que todo sirva para ser un “tilín mejores”, pero, desde nuestra barricada en la cual estoy seguro siempre estaremos uno al lado del otro
Tu hermano
Ciro Benemelis Durán
PD: leyendo tu cancionero me encontré con este texto escrito en 1968, sorprendentemente actual
LOS FUNERALES DEL INSECTO
Hace un rato, solo, he visto
a un insecto agonizar.
Y he pensado: no hay remedio,
nadie va a su funeral.
El insecto agonizaba.
Yo empezaba a canturrear
la canción más solitaria
que haya escrito sin llorar.
Pues me puse a comparar:
¿Qué hará la tierra con los huesos
del que muere sin regreso,
en virtud de su ambición?
Sus funerales sin amigos,
sus adioses sin testigos,
sus domingos sin amor
serán como el del insecto aquel,
muriendo solo, sin después.
Morir así es no vivir,
morir así es desaparecer.
La pobre gente que dispone
de la vida por oscuros
corredores ¿qué se hará?
Y los que venden la palabra,
los que ríen, los que no hablan,
¿quiénes los despedirán?
Serán como el insecto aquel,
muriendo solo, sin después.
Morir así es no vivir.
Morir así es desaparecer
totalmente.
Ciro Benemelis
11 Septiembre 2011
Hermano Silvio:
Hace un tiempo alguien me dijo “la historia de Cuba, casi se puede contar a través de la historia de la música cubana.” Te confieso que de momento aquella afirmación me pareció exagerada pero luego, meditando, recordé lo que mí padre y mis tíos me habían enseñado y que sumé a mis experiencias también por cuenta propia.
Recordé que los géneros de la música cubana casi en su totalidad, tienen una historia muy unida a la identidad y nacionalidad de los cubanos, pero me di cuenta que la cancionística, y en especial la trova, de todos los tiempos, tiene una gran significación y que un gran porcentaje de la obra de los trovadores estaba dedicada a la patria y sus luchas, a la soberanía, a los héroes y a nuestras guerras de independencia.
A finales de la guerra del 95, Pepe Sánchez compuso una obra que tituló “Cuba Libre” la que terminaba con la frase “patria o muerte” como una premonición de lo que muchos años después Fidel convertiría en el grito de guerra de todo un pueblo.
Pepe Sánchez también escribió “Himno a Maceo” y el compositor guantanamero José Sabin compuso a principios del siglo XX “Maceo y Martí” que todos conocemos como “En opuestas regiones”.
En 1851 se estrenó “La Bayamesa” de Céspedes y Fornaris que se convirtió en un canto de amor y lucha y luego Sindo Garay compuso “Mujer Bayamesa” que relata con aguda belleza la valentía de la mujer cubana con aquello de “pero si siente de la patria el grito, todo lo deja, todo lo quema, ese es su lema, su religión”.
El santiaguero Ramón Ivonet, que llegó a obtener los grados de teniente coronel y fue el abanderado de Antonio Maceo en la invasión a occidente era un excelente trovador.
Doriteo Arango director de la banda de música que acompañaba a Maceo ejecutó el Himno Invasor de Loynaz del Castillo que inicialmente se llamaba Himno a Maceo y este pidió que le pusieran Himno Invasor. Luego en 1903, el también santiaguero y uno de los grandes de la trova, Alberto Villalón, le pondría música a “Martí” con letra de Francisco Eligio y luego compondría “La Palma”, dedicada a Máximo Gómez y cuando este murió hizo otra composición que le llamó” La Palma Herida”.
En fecha tan temprana como 1918 Rosendo Ruiz escribiría el himno “Redención”, en que por primera vez, se mencionaba la palabra socialismo en homenaje a la revolución rusa y que se estrenó un 1ro de mayo…
En 1926 Sindo Garay compuso “El huracán y la palma” y todos sabemos que la palma es una de las identidades más simbólicas de la patria que el huracán no podía derribar. En la década del 40 del pasado siglo Salvador Adams realizó su obra “Altiva es la Palma “como un homenaje precisamente a la altivez de Cuba.
La lista sería, para orgullo nuestro, interminable y refleja la actitud consecuente con la patria y sus luchas de los músicos y especialmente de los trovadores cubanos.
Al triunfo de la revolución aparecieron los nuevos trovadores, herederos de aquel movimiento que hoy llaman Trova Tradicional.
Por razones familiares, que tu bien conoces, desde mi infancia me moví entre trovadores, de los cuales aprendí la mayoría de los temas que cantaba en los actos cívicos de mi escuela pública, todos los viernes, donde con pupitres ruinosos y pizarras de cualquier color, sacrificados profesores y profesoras, nos enseñaban ante todo a amar la tierra que nos vio nacer y a no traicionarla nunca y allí aprendimos de los mambises y de otros próceres que siempre defendieron la identidad y la nacionalidad cubanas con sus errores y aciertos y sin concesiones anexionistas para los que nos veían como “la fruta madura”.
Los de mi generación, si son honestos, saben de lo que escribo. Vino el triunfo revolucionario en 1959 y otros trovadores tomaron la bandera y continuaron la tradición de cantarle a la mujer, a los amores familiares y a la patria nueva, soberana y libre. Esos trovadores también fueron y siguen siendo contestatarios y rebeldes contra lo mal hecho, nuestras insuficiencias, errores, intolerancias y burocratismo. Silvio con “Resumen de noticias”, Pablo con “Pobre del cantor, Noel con “Comienzo el día”, Vicente con “Créeme” y Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Santiago Feliú y muchos otros que vinieron después y siguen llegando, nos dieron y nos dan, una lección de patriotismo y dignidad que enaltecen nuestro orgullo de ser cubanos.
Desde sus obras, también se puede relatar la historia de esa etapa de Cuba; lástima que algunos hayan perdido la memoria y hagan tabla rasa de lo alcanzado y vivido. Los viejos trovadores y también los nuevos no lo admitirán.
Ahora, en los nuevos tiempos, aparece entonces un personaje hosco y lóbrego llamado Carlos Alberto Montaner a querer dar clases de historia y conciliaciones políticas en las que falsea aspectos de las guerras del 68 y 95, cuenta a su manera la historia de la republica secuestrada en 1902, pasando por los “buenos y conciliadores machadistas”. Por ese camino llegará seguro a Batista y sus bondades.
Con ese señor, que según algunos aspira a ser Presidente de Cuba cuando caiga la revolución es un terrorista confeso, no hay nada que hablar o dialogar. Hay muchos cubanos honestos en los E.U.A y otras latitudes con los cuales si valdría hablar y reconciliarnos.
No fuimos nosotros quienes entronizamos el odio, la violencia, nunca fuimos a Estados Unidos a agredir, a asesinar inocentes, ni a preparar atentados a aviones de civiles, no se puede hablar de nuestros defectos cuando no se es capaz de denunciar a Posada Carriles y sus crímenes evidentes y confesos o abogar por la libertad de lo que están injustamente presos por luchar contra el terrorismo que tanta sangre ha costado a nuestro noble pueblo.
Los tiempos cambiaron un poco o a lo mejor mucho, pero nuestra utopía siguió en pie y la preferimos al servilismo y la entrega a nuestros enemigos.
En nombre de esa utopía cometimos muchos errores y hasta injusticias. Personajes que hoy no están hicieron de la doble moral un modo de vivir y actuar y de seguro inocularon en muchos el virus de la simulación, la cual hoy permanece en muchos y que hay que echarlos a un lado. En ese camino andamos.
Es cierto, hay tozudeces que nos han hecho daño y que hay mucho que cambiar y rectificar. De eso nos encargaremos nosotros mismos, a nuestra manera, lejos de los recodos y turbios afanes de personajes como Montaner y otra larga lista conocida.
Como tus has dicho en ocasiones, tenemos que lavar nuestros trapos sucios en la casa sin darle “ni tantito así” a un enemigo que desde 1959 nos atacó por querer ser libres y trató de aplastarnos, no con aplanadoras sino con bombas nucleares.
Ojalá que todo sirva para ser un “tilín mejores”, pero, desde nuestra barricada en la cual estoy seguro siempre estaremos uno al lado del otro
Tu hermano
Ciro Benemelis Durán
PD: leyendo tu cancionero me encontré con este texto escrito en 1968, sorprendentemente actual
LOS FUNERALES DEL INSECTO
Hace un rato, solo, he visto
a un insecto agonizar.
Y he pensado: no hay remedio,
nadie va a su funeral.
El insecto agonizaba.
Yo empezaba a canturrear
la canción más solitaria
que haya escrito sin llorar.
Pues me puse a comparar:
¿Qué hará la tierra con los huesos
del que muere sin regreso,
en virtud de su ambición?
Sus funerales sin amigos,
sus adioses sin testigos,
sus domingos sin amor
serán como el del insecto aquel,
muriendo solo, sin después.
Morir así es no vivir,
morir así es desaparecer.
La pobre gente que dispone
de la vida por oscuros
corredores ¿qué se hará?
Y los que venden la palabra,
los que ríen, los que no hablan,
¿quiénes los despedirán?
Serán como el insecto aquel,
muriendo solo, sin después.
Morir así es no vivir.
Morir así es desaparecer
totalmente.
domingo, 28 de agosto de 2011
Estados Unidos no existe
(Un artículo de mi amiga Karla Lara, cantora hondureña)
Karla Lara & Hibriduz de gira por ningún lugar
Llegar a otro país implica el reto de enfrentarse a otro idioma, a otras costumbres. Además, hasta donde las construcciones de mis ingenuos imaginarios alcanzaban, el norte era como la canción “Ligia Elena” de Rubén Blades: “pelo rubio, ojos azules, dientes azules y… billetera verde”. Claro que suficiente información circula en el mundo para darnos cuenta que ése era el cuento de cuando éramos “chiquitas”, y que como todos los cuentos, tenía historias mágicas, mentiras piadosas, moralejas forzadas, y sobre todo, el propósito “maquiavélico” de quienes orquestan el mundo y su decadente sistema, para que nos ilusionara desde el Tío Mac Pato y su derroche, hasta esos personajes “heroicos”.
Gringos musculosos que pasaban gloriosos entre sudores y una bandera norteamericana estropeada por el fuego, peleando contra soviets primero, y después -cuando creyeron que los enemigos terrícolas se habían ido tras la caída del muro- empezaron a luchar, pero sobre todo a “vencer” en torcidas invasiones de marcianos el mundo que ya ellos habían destruido con su capa de ozono y su plástico en todo y para todo. Cuando tuvieron que comenzar a tocar sus reservas de petróleo, en buena parte para iluminar artificial y obscenamente sus días y sus noches, rápidamente Hollywood produjo otra “muvie” donde se justifica la búsqueda del terror en el Medio Oriente de la tierra -que también ellos han destruido con miles y miles de bombardeos-. Y así seguimos construyendo ídolos que salvan con pelo rubio, ojos azules, dientes azules y… billetera verde.
Igualito que en las películas. Sólo el protagonista es “chele” y claro que siempre “hombre”, o más bien “macho”, bien macho. Pero cuando una viene a este país que queda al norte de América Latina, y una empieza a desmitificar el sueño mágico, logra ver que el resto de sus reales protagonistas del “sueño de la riqueza” tienen el color oscuro de nuestras pieles. Nos damos cuenta que realmente lo que sucede es que los gringos piensan que Estados Unidos es su país, y la gente actúa como si fuese estadounidense, pero la verdad es pura gente del mundo fingiendo ser de un lugar inexistente.
Este país huele a tacos mexicanos, a pupusas salvadoreñas, a baleadas hondureñas, huele a frijoles de Centroamérica. Estados Unidos no es de rayas rojas y estrellas usurpadas sobre fondo azul, sino de todos los colores de los inmigrantes que la hacen. Las calles del comercio, como en Tegucigalpa, son de chinos y de árabes, acá se come el chapsuey que se come en Tegucigalpa, que sólo porque es más barato para comer en familia y en bulto, casi forma parte de la lista de nuestras “comidas típicas”. No es sólo la globalización y que los “Burguerquines” existan y huelan igual en Miami como en Caracas. Es que en Estados Unidos se habla en español, en chino, en árabe, en muchos idiomas y en poco inglés. Para las y los latinoamericanos se comen pupusas o empanadas, se bebe en horchata o en pitahaya, se viste de los colores de muchas gentes, de muchas procedencias del mundo entero. En su majestuosidad, sobrevive la dignidad y la historia de quienes allí emigraron buscando mejor vida.
Lo fuerte, lo realmente fuerte es caminar sus calles y darse cuenta que la muchacha que vendía mango en las calles, y que fue expulsada en aras del ornato de su ciudad natal… que esa muchacha cuando se deshace de lo poco que tiene y se viene al norte, también viene a vender mangos. Y que la que lavaba ajeno en América Latina, viene a que el sistema la prostituya, porque acá en el norte todo el mundo tiene una máquina para esos menesteres. La que soñaba en un mundo mejor y es expulsada por sus ideas, la que soñaba con una vida mejor y es expulsada porque ya no sabe cómo pagar los impuestos de guerra, la que soñaba con un hombre mejor y es expulsada por la violencia de su misma pareja, la que soñaba una educación mejor para sus hijos y es expulsada porque ya no hay educación pública, la que soñaba con que su madre tuviese una vejez digna y es expulsada porque el seguro social le niega asistencia y la jubilación no existe, todas esas mujeres y hombres que se vienen huyendo por muchas situaciones, vienen al país que siempre ha dicho: “acá se resuelve”, y ese país no existe. Sólo hay gentes de todas partes del mundo que lo han forjado, que lo han levantado, que lo pintan todos los días con sus colores, que lo hacen oler a miles de aromas… porque cada quien se trae sus propios olores, sus propios sabores, sus propios dolores, y los pone en una cesta grande donde los gringos piensan y actúan como si Estados Unidos fuese de ellos y la gente sobrevive y sigue trabajando como si Estados Unidos fuese un lugar que existiera.
Es cierto. Estados Unidos no existe. Pero sus poderes, su maquinaria de guerra, su industria de la muerte, sus invasiones, sus agencias de inteligencia, sus fábricas de consumismo, su cuarta flota, sus radares, sus empresas, sus asesores en golpes de estados… que los hay… los hay.
Karla Lara & Hibriduz de gira por ningún lugar
Llegar a otro país implica el reto de enfrentarse a otro idioma, a otras costumbres. Además, hasta donde las construcciones de mis ingenuos imaginarios alcanzaban, el norte era como la canción “Ligia Elena” de Rubén Blades: “pelo rubio, ojos azules, dientes azules y… billetera verde”. Claro que suficiente información circula en el mundo para darnos cuenta que ése era el cuento de cuando éramos “chiquitas”, y que como todos los cuentos, tenía historias mágicas, mentiras piadosas, moralejas forzadas, y sobre todo, el propósito “maquiavélico” de quienes orquestan el mundo y su decadente sistema, para que nos ilusionara desde el Tío Mac Pato y su derroche, hasta esos personajes “heroicos”.
Gringos musculosos que pasaban gloriosos entre sudores y una bandera norteamericana estropeada por el fuego, peleando contra soviets primero, y después -cuando creyeron que los enemigos terrícolas se habían ido tras la caída del muro- empezaron a luchar, pero sobre todo a “vencer” en torcidas invasiones de marcianos el mundo que ya ellos habían destruido con su capa de ozono y su plástico en todo y para todo. Cuando tuvieron que comenzar a tocar sus reservas de petróleo, en buena parte para iluminar artificial y obscenamente sus días y sus noches, rápidamente Hollywood produjo otra “muvie” donde se justifica la búsqueda del terror en el Medio Oriente de la tierra -que también ellos han destruido con miles y miles de bombardeos-. Y así seguimos construyendo ídolos que salvan con pelo rubio, ojos azules, dientes azules y… billetera verde.
Igualito que en las películas. Sólo el protagonista es “chele” y claro que siempre “hombre”, o más bien “macho”, bien macho. Pero cuando una viene a este país que queda al norte de América Latina, y una empieza a desmitificar el sueño mágico, logra ver que el resto de sus reales protagonistas del “sueño de la riqueza” tienen el color oscuro de nuestras pieles. Nos damos cuenta que realmente lo que sucede es que los gringos piensan que Estados Unidos es su país, y la gente actúa como si fuese estadounidense, pero la verdad es pura gente del mundo fingiendo ser de un lugar inexistente.
Este país huele a tacos mexicanos, a pupusas salvadoreñas, a baleadas hondureñas, huele a frijoles de Centroamérica. Estados Unidos no es de rayas rojas y estrellas usurpadas sobre fondo azul, sino de todos los colores de los inmigrantes que la hacen. Las calles del comercio, como en Tegucigalpa, son de chinos y de árabes, acá se come el chapsuey que se come en Tegucigalpa, que sólo porque es más barato para comer en familia y en bulto, casi forma parte de la lista de nuestras “comidas típicas”. No es sólo la globalización y que los “Burguerquines” existan y huelan igual en Miami como en Caracas. Es que en Estados Unidos se habla en español, en chino, en árabe, en muchos idiomas y en poco inglés. Para las y los latinoamericanos se comen pupusas o empanadas, se bebe en horchata o en pitahaya, se viste de los colores de muchas gentes, de muchas procedencias del mundo entero. En su majestuosidad, sobrevive la dignidad y la historia de quienes allí emigraron buscando mejor vida.
Lo fuerte, lo realmente fuerte es caminar sus calles y darse cuenta que la muchacha que vendía mango en las calles, y que fue expulsada en aras del ornato de su ciudad natal… que esa muchacha cuando se deshace de lo poco que tiene y se viene al norte, también viene a vender mangos. Y que la que lavaba ajeno en América Latina, viene a que el sistema la prostituya, porque acá en el norte todo el mundo tiene una máquina para esos menesteres. La que soñaba en un mundo mejor y es expulsada por sus ideas, la que soñaba con una vida mejor y es expulsada porque ya no sabe cómo pagar los impuestos de guerra, la que soñaba con un hombre mejor y es expulsada por la violencia de su misma pareja, la que soñaba una educación mejor para sus hijos y es expulsada porque ya no hay educación pública, la que soñaba con que su madre tuviese una vejez digna y es expulsada porque el seguro social le niega asistencia y la jubilación no existe, todas esas mujeres y hombres que se vienen huyendo por muchas situaciones, vienen al país que siempre ha dicho: “acá se resuelve”, y ese país no existe. Sólo hay gentes de todas partes del mundo que lo han forjado, que lo han levantado, que lo pintan todos los días con sus colores, que lo hacen oler a miles de aromas… porque cada quien se trae sus propios olores, sus propios sabores, sus propios dolores, y los pone en una cesta grande donde los gringos piensan y actúan como si Estados Unidos fuese de ellos y la gente sobrevive y sigue trabajando como si Estados Unidos fuese un lugar que existiera.
Es cierto. Estados Unidos no existe. Pero sus poderes, su maquinaria de guerra, su industria de la muerte, sus invasiones, sus agencias de inteligencia, sus fábricas de consumismo, su cuarta flota, sus radares, sus empresas, sus asesores en golpes de estados… que los hay… los hay.
domingo, 7 de agosto de 2011
Hace 30 años: el día que murió la clase media
Hace 30 años: el día que murió la clase media
7 Agosto 2011
Por: Michael Moore
De cuando en cuando, alguien menor de 30 años me pregunta: “¿Cuándo empezó Estados Unidos a ir cuesta abajo?” Dicen que durante mucho tiempo oyeron que los trabajadores podían criar una familia y enviar a los hijos a la universidad sólo con el ingreso de uno de los padres (y que en estados como California y Nueva York la universidad era casi gratuita). Que cualquier persona que quisiera un empleo con un sueldo decente podía tenerlo. Que las personas trabajaban cinco días a la semana, ocho horas diarias, tenían todo el fin de semana libre y vacaciones pagadas cada verano. Que muchos empleados eran sindicalizados, desde los empacadores de la tienda hasta el pintor de brocha gorda, lo cual significaba que, por humilde que fuera el trabajo, uno tenía garantizada una pensión, aumentos de sueldo ocasionales, seguro médico y alguien que lo defendiera a uno en caso de recibir un trato injusto. Los jóvenes han oído hablar de ese tiempo mítico, pero no es un mito: era real. Y cuando preguntan “¿cuándo terminó?”, les contesto: “El 5 de agosto de 1981″.
En esa fecha, hace 30 años, las grandes empresas y la derecha decidieron “dar el golpe”: ver si podían destruir la clase media para volverse más ricos. Y lo han logrado.
El 5 de agosto de 1981, el entonces presidente Ronald Reagan despidió a todos los miembros del sindicato de controladores aéreos (PATCO), que desafiaron su orden de regresar al trabajo, y declaró ilegal al sindicato. Llevaban apenas dos días en huelga. Fue un acto audaz y descarado. Nunca nadie lo había intentado. Lo que lo hizo aún más audaz fue que PATCO había sido uno de los tres sindicatos que respaldaron a Reagan para presidente. Una ola de conmoción sacudió a los trabajadores en todo el país. Si Reagan hizo eso a quienes estaban con él, ¿qué nos hará a nosotros?
Reagan fue impulsado en su candidatura presidencial por la gente de Wall Street, que junto con los cristianos de derecha quería restructurar el país y revertir la tendencia iniciada por el presidente Franklin Delano Roosevelt, dirigida a mejorar la vida del trabajador promedio. Los ricos odiaban pagar mejores salarios y prestaciones, y más aún pagar impuestos; además, despreciaban a los sindicatos. Los cristianos de derecha detestaban todo lo que les sonaba a socialismo o a tender la mano a las minorías o a las mujeres.
Reagan prometió poner fin a todo eso. Así que, cuando los controladores se pusieron en huelga, vio llegado el momento. Al deshacerse de ellos y proscribir su sindicato, envió un mensaje claro y fuerte: los días en que todos llevaban una confortable vida de clase media habían terminado. De allí en adelante, Estados Unidos sería gobernado en esta forma:
* Los súper ricos ganarán más, mucho más, y el resto de ustedes luchará por las migajas que sobren.
* ¡Todos a trabajar! Mamá, papá, los adolescentes de la casa. ¡Papá, consigue un segundo empleo! ¡Niños, allí está la cadena para la puerta! Tal vez sus padres regresen a tiempo para llevarlos a acostar.
* 50 millones de personas quedarán sin seguro médico. Y las compañías aseguradoras pueden decidir a quién ayudar… o no.
* ¡Los sindicatos son malos! No deben pertenecer a un sindicato. No necesitan abogados. ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar! No, no se vayan todavía, no hemos terminado. Que los niños se preparen la cena.
* ¿Quieren ir a la universidad? No hay problema: firmen aquí y estarán vendidos a un banco los próximos 20 años.
* ¿Qué es eso de “aumento de sueldo”? ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar!
Y así por el estilo. Pero Reagan no hubiera podido lograr esto por sí solo. Tuvo un gran ayudante: la AFL-CIO.
La mayor central de trabajadores del país dijo a sus agremiados que rompieran la huelga de los controladores aéreos y fueran a trabajar. Y así lo hicieron: pilotos, asistentes de vuelo, choferes de camiones de suministros, manejadores de equipaje: todos esos sindicalizados ayudaron a romper la huelga. Y sindicalizados de todos los ramos rompieron también la huelga al volver a viajar en avión.
¡Reagan y Wall Street no podían creer lo que veían! Cientos de miles de trabajadores y sindicalistas apoyaban el despido de compañeros sindicalizados. Fue un regalo de Navidad adelantado para los grandes consorcios del país.
Fue el principio del fin. Reagan y los republicanos supieron que podrían salirse con la suya en lo que fuera… y así lo hicieron. Recortaron impuestos a los ricos. Dificultaron la formación de sindicatos en los centros de trabajo. Eliminaron las normas de seguridad en las instalaciones fabriles. Pasaron por encima de las leyes antimonopolios y permitieron que miles de compañías se fusionaran o fueran adquiridas por otras y después cerradas. Los consorcios congelaron salarios y amenazaron con mudarse a otros países si los trabajadores no aceptaban menor paga y menos prestaciones. Y cuando los trabajadores accedieron, de todos modos se mudaron al extranjero.
Y todo el tiempo la mayoría de los estadunidenses lo aceptaron. Hubo muy poca oposición o resistencia. Las “masas” no se levantaron a proteger sus empleos, sus hogares, sus escuelas (que alguna vez fueron las mejores del mundo). Aceptaron su destino y recibieron la golpiza. A menudo me he preguntado qué habría ocurrido si todos hubiéramos dejado de volar en 1981. Si los sindicatos le hubieran dicho a Reagan: “Devuélveles su empleo a los controladores o paralizaremos la nación”. Ustedes saben lo que habría pasado: la elite empresarial y su muchacho Reagan se habrían doblegado.
Pero no lo hicimos. Y así, poco a poco, en los 30 años siguientes, los que han estado en el poder han destruido a la clase media del país y, a su vez, han arruinado el futuro de nuestros jóvenes. Los salarios han permanecido estancados esos 30 años. Echen una ojeada a las estadísticas y verán que cada descenso que sufrimos ahora comenzó en 1981 (vean en una pequeña escena de mi película más reciente que ilustra esto).
Todo empezó este día, hace 30 años. Uno de los días más negros en la historia estadunidense. Y nosotros dejamos que ocurriera. Sí, ellos tenían el dinero, los medios masivos y los policías. Pero nosotros éramos 200 millones. ¿Alguna vez se han preguntado qué pasaría si 200 millones se pusieran furiosos de verdad y quisieran que les devolvieran su patria, su vida, sus empleos, sus fines de semana, el tiempo que pasaban con sus hijos?
¿Nos hemos dado todos por vencidos? ¿Qué estamos esperando? Olvidémonos del 20 por ciento que apoya al Tea Party: ¡nosotros somos el otro 80 por ciento! Esta ida cuesta abajo sólo terminará cuando lo exijamos. Y no con una petición en línea o un tuit. Tendremos que apagar la televisión, la computadora y los videojuegos y salir a las calles (como hicieron en Wisconsin). Algunos de ustedes tendrán que postularse a cargos de elección en sus localidades el año próximo. Necesitamos que los demócratas hagan acopio de valor y dejen de recibir dinero de los consorcios… o se hagan a un lado.
¿Cuándo tendremos suficiente? El sueño de la clase media no va a reaparecer por arte de magia. El plan de Wall Street es claro: Estados Unidos será una nación de ricos y desposeídos. ¿Están ustedes conformes con eso?
¿Por qué no utilizar este día para hacer una pausa y pensar en los pasos que cada uno puede dar para revertir esta tendencia en nuestro vecindario, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra escuela? ¿Habrá un día mejor que hoy para empezar?
Su amigo, Michael Moore.
Traducción para La Jornada de Jorge Anaya
MMFlint@aol.com – http://MichaelMoore.com
7 Agosto 2011
Por: Michael Moore
De cuando en cuando, alguien menor de 30 años me pregunta: “¿Cuándo empezó Estados Unidos a ir cuesta abajo?” Dicen que durante mucho tiempo oyeron que los trabajadores podían criar una familia y enviar a los hijos a la universidad sólo con el ingreso de uno de los padres (y que en estados como California y Nueva York la universidad era casi gratuita). Que cualquier persona que quisiera un empleo con un sueldo decente podía tenerlo. Que las personas trabajaban cinco días a la semana, ocho horas diarias, tenían todo el fin de semana libre y vacaciones pagadas cada verano. Que muchos empleados eran sindicalizados, desde los empacadores de la tienda hasta el pintor de brocha gorda, lo cual significaba que, por humilde que fuera el trabajo, uno tenía garantizada una pensión, aumentos de sueldo ocasionales, seguro médico y alguien que lo defendiera a uno en caso de recibir un trato injusto. Los jóvenes han oído hablar de ese tiempo mítico, pero no es un mito: era real. Y cuando preguntan “¿cuándo terminó?”, les contesto: “El 5 de agosto de 1981″.
En esa fecha, hace 30 años, las grandes empresas y la derecha decidieron “dar el golpe”: ver si podían destruir la clase media para volverse más ricos. Y lo han logrado.
El 5 de agosto de 1981, el entonces presidente Ronald Reagan despidió a todos los miembros del sindicato de controladores aéreos (PATCO), que desafiaron su orden de regresar al trabajo, y declaró ilegal al sindicato. Llevaban apenas dos días en huelga. Fue un acto audaz y descarado. Nunca nadie lo había intentado. Lo que lo hizo aún más audaz fue que PATCO había sido uno de los tres sindicatos que respaldaron a Reagan para presidente. Una ola de conmoción sacudió a los trabajadores en todo el país. Si Reagan hizo eso a quienes estaban con él, ¿qué nos hará a nosotros?
Reagan fue impulsado en su candidatura presidencial por la gente de Wall Street, que junto con los cristianos de derecha quería restructurar el país y revertir la tendencia iniciada por el presidente Franklin Delano Roosevelt, dirigida a mejorar la vida del trabajador promedio. Los ricos odiaban pagar mejores salarios y prestaciones, y más aún pagar impuestos; además, despreciaban a los sindicatos. Los cristianos de derecha detestaban todo lo que les sonaba a socialismo o a tender la mano a las minorías o a las mujeres.
Reagan prometió poner fin a todo eso. Así que, cuando los controladores se pusieron en huelga, vio llegado el momento. Al deshacerse de ellos y proscribir su sindicato, envió un mensaje claro y fuerte: los días en que todos llevaban una confortable vida de clase media habían terminado. De allí en adelante, Estados Unidos sería gobernado en esta forma:
* Los súper ricos ganarán más, mucho más, y el resto de ustedes luchará por las migajas que sobren.
* ¡Todos a trabajar! Mamá, papá, los adolescentes de la casa. ¡Papá, consigue un segundo empleo! ¡Niños, allí está la cadena para la puerta! Tal vez sus padres regresen a tiempo para llevarlos a acostar.
* 50 millones de personas quedarán sin seguro médico. Y las compañías aseguradoras pueden decidir a quién ayudar… o no.
* ¡Los sindicatos son malos! No deben pertenecer a un sindicato. No necesitan abogados. ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar! No, no se vayan todavía, no hemos terminado. Que los niños se preparen la cena.
* ¿Quieren ir a la universidad? No hay problema: firmen aquí y estarán vendidos a un banco los próximos 20 años.
* ¿Qué es eso de “aumento de sueldo”? ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar!
Y así por el estilo. Pero Reagan no hubiera podido lograr esto por sí solo. Tuvo un gran ayudante: la AFL-CIO.
La mayor central de trabajadores del país dijo a sus agremiados que rompieran la huelga de los controladores aéreos y fueran a trabajar. Y así lo hicieron: pilotos, asistentes de vuelo, choferes de camiones de suministros, manejadores de equipaje: todos esos sindicalizados ayudaron a romper la huelga. Y sindicalizados de todos los ramos rompieron también la huelga al volver a viajar en avión.
¡Reagan y Wall Street no podían creer lo que veían! Cientos de miles de trabajadores y sindicalistas apoyaban el despido de compañeros sindicalizados. Fue un regalo de Navidad adelantado para los grandes consorcios del país.
Fue el principio del fin. Reagan y los republicanos supieron que podrían salirse con la suya en lo que fuera… y así lo hicieron. Recortaron impuestos a los ricos. Dificultaron la formación de sindicatos en los centros de trabajo. Eliminaron las normas de seguridad en las instalaciones fabriles. Pasaron por encima de las leyes antimonopolios y permitieron que miles de compañías se fusionaran o fueran adquiridas por otras y después cerradas. Los consorcios congelaron salarios y amenazaron con mudarse a otros países si los trabajadores no aceptaban menor paga y menos prestaciones. Y cuando los trabajadores accedieron, de todos modos se mudaron al extranjero.
Y todo el tiempo la mayoría de los estadunidenses lo aceptaron. Hubo muy poca oposición o resistencia. Las “masas” no se levantaron a proteger sus empleos, sus hogares, sus escuelas (que alguna vez fueron las mejores del mundo). Aceptaron su destino y recibieron la golpiza. A menudo me he preguntado qué habría ocurrido si todos hubiéramos dejado de volar en 1981. Si los sindicatos le hubieran dicho a Reagan: “Devuélveles su empleo a los controladores o paralizaremos la nación”. Ustedes saben lo que habría pasado: la elite empresarial y su muchacho Reagan se habrían doblegado.
Pero no lo hicimos. Y así, poco a poco, en los 30 años siguientes, los que han estado en el poder han destruido a la clase media del país y, a su vez, han arruinado el futuro de nuestros jóvenes. Los salarios han permanecido estancados esos 30 años. Echen una ojeada a las estadísticas y verán que cada descenso que sufrimos ahora comenzó en 1981 (vean en una pequeña escena de mi película más reciente que ilustra esto).
Todo empezó este día, hace 30 años. Uno de los días más negros en la historia estadunidense. Y nosotros dejamos que ocurriera. Sí, ellos tenían el dinero, los medios masivos y los policías. Pero nosotros éramos 200 millones. ¿Alguna vez se han preguntado qué pasaría si 200 millones se pusieran furiosos de verdad y quisieran que les devolvieran su patria, su vida, sus empleos, sus fines de semana, el tiempo que pasaban con sus hijos?
¿Nos hemos dado todos por vencidos? ¿Qué estamos esperando? Olvidémonos del 20 por ciento que apoya al Tea Party: ¡nosotros somos el otro 80 por ciento! Esta ida cuesta abajo sólo terminará cuando lo exijamos. Y no con una petición en línea o un tuit. Tendremos que apagar la televisión, la computadora y los videojuegos y salir a las calles (como hicieron en Wisconsin). Algunos de ustedes tendrán que postularse a cargos de elección en sus localidades el año próximo. Necesitamos que los demócratas hagan acopio de valor y dejen de recibir dinero de los consorcios… o se hagan a un lado.
¿Cuándo tendremos suficiente? El sueño de la clase media no va a reaparecer por arte de magia. El plan de Wall Street es claro: Estados Unidos será una nación de ricos y desposeídos. ¿Están ustedes conformes con eso?
¿Por qué no utilizar este día para hacer una pausa y pensar en los pasos que cada uno puede dar para revertir esta tendencia en nuestro vecindario, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra escuela? ¿Habrá un día mejor que hoy para empezar?
Su amigo, Michael Moore.
Traducción para La Jornada de Jorge Anaya
MMFlint@aol.com – http://MichaelMoore.com
lunes, 9 de mayo de 2011
Socios en conflicto: Obama/Osama
Socios en conflicto: Obama/Osama
HAMLET HERMANN
9 de mayo de 2011
Quisiera creer las versiones del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sobre el asesinato de Osama Bin Laden. Pero los de la Casa Blanca tienen que darme un poco más de tiempo para asimilar la versión anterior antes de que la modifiquen. También deben darme un sosiego para comparar lo que ahora me dicen con las otras ocho ocasiones que, en años recientes, han anunciado la muerte del millonario saudí, socio de la familia Bush, convertido en símbolo del terrorismo anti estadounidense.
Para entender este enorme despliegue propagandístico es preciso definir el momento en que tiene lugar. Esta novena proclama de la muerte de Bin Laden tiene lugar días después de que un bombardeo de la OTAN estadounidense asesinara al hijo y a tres nietos del guía de Libia, Muammar Muhammad al-Gaddafi. Asimismo, el aspaventoso obituario del millonario saudí metido a terrorista se manifiesta justo cuando los pueblos de Túnez, Egipto, Yemen y otros se rebelan y movilizan masivamente. De alguna manera había que restarle protagonismo a la lucha de los pueblos para derrocar a las dictaduras que Estados Unidos y la Unión Europea habían sostenido durante varias décadas. La muerte de Bin Laden sería un fenómeno mediático ideal para distraer al mundo.
El tsunami mediático sucede justo cuando el presidente Obama se humilla en una presentación televisada mostrando su acta de nacimiento para contrarrestar a los Republicanos que cuestionaban su nacionalidad. ¿No bastaba su palabra? Su afán de volver a postularse en las elecciones de noviembre de 2012 lo lleva hasta situaciones bochornosas como esa. Nadie dude que pudiéramos estar siendo testigos del ridículo más grande al que podría llegar un Presidente de Estados Unidos si este huracán de propaganda en torno a Bin Laden llega a mostrar visos de gran fábula mediática. Incluso pudiera ser peor que la payasada de George W. Bush cuando se disfrazó de piloto de combate para anunciar que su país había cumplido la misión de vencer el terrorismo en Irak. Seis años después, la única misión que han cumplido es la de apoderarse del petróleo de la Mesopotamia y asesinar un millón de iraquíes.
Todavía con el mejor deseo de creer las diversas versiones que ofrece la Casa Blanca en torno a la muerte del líder de Al Qaeda, el pensamiento lógico me lleva a la conclusión siguiente: si las guerras en Afganistán y en Irak fueron justificadas porque Bin Laden y Sadam Hussein amenazaban la paz mundial, ahora que ambos están muertos los ejércitos estadounidenses debían iniciar su retirada de inmediato. Pero no. El presidente Obama dice ahora que la muerte de Bin Laden hace que el peligro de terrorismo sea mayor que antes y proclama un alerta mundial. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿ para qué lo mataron? ¿O todo no es más que un vulgar sainete para promover lo macho que Obama es y sea cooptado de nuevo como Presidente de Estados Unidos?
Obama insiste en exagerar la situación porque sabe que los estadounidenses de estos tiempos están hechos de un material llamado “Miedo”. Para ellos, el temor a algo desconocido, ya sea que lo perciban a que se lo imaginen, se ha convertido en la esencia de aquello que los mueve. Sus pensamientos, sus acciones y sus decisiones más íntimas están condicionados por la inseguridad que les han inculcado, aún cuando forman parte del país más poderoso del mundo. Ese estado de pavor permanente no ha sido espontáneo. El miedo ha sido y es el mecanismo de disciplinamiento que el sistema económico y político de Estados Unidos ha utilizado para prevalecer y expandirse por todo el planeta. Y a eso apela Obama ahora que quiere reelegirse sin que le importe la cantidad de muertos que sus guerras expedicionarias provocan por el mundo.
Definitivamente, el presidente Obama nos está poniendo difícil creer sus reiteradas versiones, tantas veces modificadas, sobre la supuesta muerte de Bin Laden. Queremos creerle pero él lo impide por el absurdo manejo de las razones y los objetivos que persiguen las guerras que Estados Unidos desarrolla en Irak y en Afganistán y que está llevando a Estados Unidos a la ruina económica y al descrédito mundial.
HAMLET HERMANN
9 de mayo de 2011
Quisiera creer las versiones del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sobre el asesinato de Osama Bin Laden. Pero los de la Casa Blanca tienen que darme un poco más de tiempo para asimilar la versión anterior antes de que la modifiquen. También deben darme un sosiego para comparar lo que ahora me dicen con las otras ocho ocasiones que, en años recientes, han anunciado la muerte del millonario saudí, socio de la familia Bush, convertido en símbolo del terrorismo anti estadounidense.
Para entender este enorme despliegue propagandístico es preciso definir el momento en que tiene lugar. Esta novena proclama de la muerte de Bin Laden tiene lugar días después de que un bombardeo de la OTAN estadounidense asesinara al hijo y a tres nietos del guía de Libia, Muammar Muhammad al-Gaddafi. Asimismo, el aspaventoso obituario del millonario saudí metido a terrorista se manifiesta justo cuando los pueblos de Túnez, Egipto, Yemen y otros se rebelan y movilizan masivamente. De alguna manera había que restarle protagonismo a la lucha de los pueblos para derrocar a las dictaduras que Estados Unidos y la Unión Europea habían sostenido durante varias décadas. La muerte de Bin Laden sería un fenómeno mediático ideal para distraer al mundo.
El tsunami mediático sucede justo cuando el presidente Obama se humilla en una presentación televisada mostrando su acta de nacimiento para contrarrestar a los Republicanos que cuestionaban su nacionalidad. ¿No bastaba su palabra? Su afán de volver a postularse en las elecciones de noviembre de 2012 lo lleva hasta situaciones bochornosas como esa. Nadie dude que pudiéramos estar siendo testigos del ridículo más grande al que podría llegar un Presidente de Estados Unidos si este huracán de propaganda en torno a Bin Laden llega a mostrar visos de gran fábula mediática. Incluso pudiera ser peor que la payasada de George W. Bush cuando se disfrazó de piloto de combate para anunciar que su país había cumplido la misión de vencer el terrorismo en Irak. Seis años después, la única misión que han cumplido es la de apoderarse del petróleo de la Mesopotamia y asesinar un millón de iraquíes.
Todavía con el mejor deseo de creer las diversas versiones que ofrece la Casa Blanca en torno a la muerte del líder de Al Qaeda, el pensamiento lógico me lleva a la conclusión siguiente: si las guerras en Afganistán y en Irak fueron justificadas porque Bin Laden y Sadam Hussein amenazaban la paz mundial, ahora que ambos están muertos los ejércitos estadounidenses debían iniciar su retirada de inmediato. Pero no. El presidente Obama dice ahora que la muerte de Bin Laden hace que el peligro de terrorismo sea mayor que antes y proclama un alerta mundial. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿ para qué lo mataron? ¿O todo no es más que un vulgar sainete para promover lo macho que Obama es y sea cooptado de nuevo como Presidente de Estados Unidos?
Obama insiste en exagerar la situación porque sabe que los estadounidenses de estos tiempos están hechos de un material llamado “Miedo”. Para ellos, el temor a algo desconocido, ya sea que lo perciban a que se lo imaginen, se ha convertido en la esencia de aquello que los mueve. Sus pensamientos, sus acciones y sus decisiones más íntimas están condicionados por la inseguridad que les han inculcado, aún cuando forman parte del país más poderoso del mundo. Ese estado de pavor permanente no ha sido espontáneo. El miedo ha sido y es el mecanismo de disciplinamiento que el sistema económico y político de Estados Unidos ha utilizado para prevalecer y expandirse por todo el planeta. Y a eso apela Obama ahora que quiere reelegirse sin que le importe la cantidad de muertos que sus guerras expedicionarias provocan por el mundo.
Definitivamente, el presidente Obama nos está poniendo difícil creer sus reiteradas versiones, tantas veces modificadas, sobre la supuesta muerte de Bin Laden. Queremos creerle pero él lo impide por el absurdo manejo de las razones y los objetivos que persiguen las guerras que Estados Unidos desarrolla en Irak y en Afganistán y que está llevando a Estados Unidos a la ruina económica y al descrédito mundial.
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