domingo, 7 de agosto de 2011

Hace 30 años: el día que murió la clase media

Hace 30 años: el día que murió la clase media
7 Agosto 2011

Por: Michael Moore

De cuando en cuando, alguien menor de 30 años me pregunta: “¿Cuándo empezó Estados Unidos a ir cuesta abajo?” Dicen que durante mucho tiempo oyeron que los trabajadores podían criar una familia y enviar a los hijos a la universidad sólo con el ingreso de uno de los padres (y que en estados como California y Nueva York la universidad era casi gratuita). Que cualquier persona que quisiera un empleo con un sueldo decente podía tenerlo. Que las personas trabajaban cinco días a la semana, ocho horas diarias, tenían todo el fin de semana libre y vacaciones pagadas cada verano. Que muchos empleados eran sindicalizados, desde los empacadores de la tienda hasta el pintor de brocha gorda, lo cual significaba que, por humilde que fuera el trabajo, uno tenía garantizada una pensión, aumentos de sueldo ocasionales, seguro médico y alguien que lo defendiera a uno en caso de recibir un trato injusto. Los jóvenes han oído hablar de ese tiempo mítico, pero no es un mito: era real. Y cuando preguntan “¿cuándo terminó?”, les contesto: “El 5 de agosto de 1981″.

En esa fecha, hace 30 años, las grandes empresas y la derecha decidieron “dar el golpe”: ver si podían destruir la clase media para volverse más ricos. Y lo han logrado.

El 5 de agosto de 1981, el entonces presidente Ronald Reagan despidió a todos los miembros del sindicato de controladores aéreos (PATCO), que desafiaron su orden de regresar al trabajo, y declaró ilegal al sindicato. Llevaban apenas dos días en huelga. Fue un acto audaz y descarado. Nunca nadie lo había intentado. Lo que lo hizo aún más audaz fue que PATCO había sido uno de los tres sindicatos que respaldaron a Reagan para presidente. Una ola de conmoción sacudió a los trabajadores en todo el país. Si Reagan hizo eso a quienes estaban con él, ¿qué nos hará a nosotros?

Reagan fue impulsado en su candidatura presidencial por la gente de Wall Street, que junto con los cristianos de derecha quería restructurar el país y revertir la tendencia iniciada por el presidente Franklin Delano Roosevelt, dirigida a mejorar la vida del trabajador promedio. Los ricos odiaban pagar mejores salarios y prestaciones, y más aún pagar impuestos; además, despreciaban a los sindicatos. Los cristianos de derecha detestaban todo lo que les sonaba a socialismo o a tender la mano a las minorías o a las mujeres.

Reagan prometió poner fin a todo eso. Así que, cuando los controladores se pusieron en huelga, vio llegado el momento. Al deshacerse de ellos y proscribir su sindicato, envió un mensaje claro y fuerte: los días en que todos llevaban una confortable vida de clase media habían terminado. De allí en adelante, Estados Unidos sería gobernado en esta forma:

* Los súper ricos ganarán más, mucho más, y el resto de ustedes luchará por las migajas que sobren.

* ¡Todos a trabajar! Mamá, papá, los adolescentes de la casa. ¡Papá, consigue un segundo empleo! ¡Niños, allí está la cadena para la puerta! Tal vez sus padres regresen a tiempo para llevarlos a acostar.

* 50 millones de personas quedarán sin seguro médico. Y las compañías aseguradoras pueden decidir a quién ayudar… o no.

* ¡Los sindicatos son malos! No deben pertenecer a un sindicato. No necesitan abogados. ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar! No, no se vayan todavía, no hemos terminado. Que los niños se preparen la cena.

* ¿Quieren ir a la universidad? No hay problema: firmen aquí y estarán vendidos a un banco los próximos 20 años.

* ¿Qué es eso de “aumento de sueldo”? ¡Cierren la boca y pónganse a trabajar!

Y así por el estilo. Pero Reagan no hubiera podido lograr esto por sí solo. Tuvo un gran ayudante: la AFL-CIO.

La mayor central de trabajadores del país dijo a sus agremiados que rompieran la huelga de los controladores aéreos y fueran a trabajar. Y así lo hicieron: pilotos, asistentes de vuelo, choferes de camiones de suministros, manejadores de equipaje: todos esos sindicalizados ayudaron a romper la huelga. Y sindicalizados de todos los ramos rompieron también la huelga al volver a viajar en avión.

¡Reagan y Wall Street no podían creer lo que veían! Cientos de miles de trabajadores y sindicalistas apoyaban el despido de compañeros sindicalizados. Fue un regalo de Navidad adelantado para los grandes consorcios del país.

Fue el principio del fin. Reagan y los republicanos supieron que podrían salirse con la suya en lo que fuera… y así lo hicieron. Recortaron impuestos a los ricos. Dificultaron la formación de sindicatos en los centros de trabajo. Eliminaron las normas de seguridad en las instalaciones fabriles. Pasaron por encima de las leyes antimonopolios y permitieron que miles de compañías se fusionaran o fueran adquiridas por otras y después cerradas. Los consorcios congelaron salarios y amenazaron con mudarse a otros países si los trabajadores no aceptaban menor paga y menos prestaciones. Y cuando los trabajadores accedieron, de todos modos se mudaron al extranjero.

Y todo el tiempo la mayoría de los estadunidenses lo aceptaron. Hubo muy poca oposición o resistencia. Las “masas” no se levantaron a proteger sus empleos, sus hogares, sus escuelas (que alguna vez fueron las mejores del mundo). Aceptaron su destino y recibieron la golpiza. A menudo me he preguntado qué habría ocurrido si todos hubiéramos dejado de volar en 1981. Si los sindicatos le hubieran dicho a Reagan: “Devuélveles su empleo a los controladores o paralizaremos la nación”. Ustedes saben lo que habría pasado: la elite empresarial y su muchacho Reagan se habrían doblegado.

Pero no lo hicimos. Y así, poco a poco, en los 30 años siguientes, los que han estado en el poder han destruido a la clase media del país y, a su vez, han arruinado el futuro de nuestros jóvenes. Los salarios han permanecido estancados esos 30 años. Echen una ojeada a las estadísticas y verán que cada descenso que sufrimos ahora comenzó en 1981 (vean en una pequeña escena de mi película más reciente que ilustra esto).

Todo empezó este día, hace 30 años. Uno de los días más negros en la historia estadunidense. Y nosotros dejamos que ocurriera. Sí, ellos tenían el dinero, los medios masivos y los policías. Pero nosotros éramos 200 millones. ¿Alguna vez se han preguntado qué pasaría si 200 millones se pusieran furiosos de verdad y quisieran que les devolvieran su patria, su vida, sus empleos, sus fines de semana, el tiempo que pasaban con sus hijos?

¿Nos hemos dado todos por vencidos? ¿Qué estamos esperando? Olvidémonos del 20 por ciento que apoya al Tea Party: ¡nosotros somos el otro 80 por ciento! Esta ida cuesta abajo sólo terminará cuando lo exijamos. Y no con una petición en línea o un tuit. Tendremos que apagar la televisión, la computadora y los videojuegos y salir a las calles (como hicieron en Wisconsin). Algunos de ustedes tendrán que postularse a cargos de elección en sus localidades el año próximo. Necesitamos que los demócratas hagan acopio de valor y dejen de recibir dinero de los consorcios… o se hagan a un lado.

¿Cuándo tendremos suficiente? El sueño de la clase media no va a reaparecer por arte de magia. El plan de Wall Street es claro: Estados Unidos será una nación de ricos y desposeídos. ¿Están ustedes conformes con eso?

¿Por qué no utilizar este día para hacer una pausa y pensar en los pasos que cada uno puede dar para revertir esta tendencia en nuestro vecindario, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra escuela? ¿Habrá un día mejor que hoy para empezar?

Su amigo, Michael Moore.

Traducción para La Jornada de Jorge Anaya

MMFlint@aol.com – http://MichaelMoore.com

sábado, 6 de agosto de 2011

Pablo Milanés en la boca del lobo.

Por Lázaro Fariñas*

Miami, 5 de Agosto de 2011

Otra vez los irreverentes, irracionales e intolerantes de la ultraderecha cubanoamericana de Miami se han alborotado. En realidad, eso no tiene nada de extraño, ya que estos personajes se pasan casi todo el tiempo alborotados. Es increíble, no se cansan de hacer el ridículo. Anteriormente y en muchas ocasiones, he escrito sobre las ridiculeces que protagonizan en las calles de esta ciudad, entre ellas, ya que es imposible recontarlas todas, han comido sombreros mexicanos, aplastados discos compactos, han hecho huelgas de hambre de mentirita, conferencias de prensa por encapuchados, etc., etc. Ahora andan hablando pestes de Pablo Milanés, porque este presentará un concierto el día 27 de este mes en un auditórium local. Milanés hace conciertos en Europa, América Latina y en Cuba, y es aplaudido delirantemente por el público que asiste a los mismos. Se autodefine como un hombre que ve las cosas buenas de la Revolución Cubana y las defiende y critica lo que él considera que debe ser criticado de la misma. No es un funcionario del gobierno revolucionario, no ocupa cargo público alguno y dice lo que piensa tanto fuera, como dentro de Cuba. Sus canciones son cantadas por millones de personas alrededor del mundo, incluyendo miles y miles de cubanos y latinoamericanos que residen en Miami. Es grande entre los grandes. Es un orgullo de Cuba y de la inmensa mayoría de los cubanos. Sus ideas políticas no son debatidas por sus seguidores, quienes disfrutan de sus maravillosas canciones. Sin importar lo que Pablo diga o piense políticamente, sus canciones se oyen, se cantan y se tararean en cualquier rincón del mundo. El, junto a Silvio Rodríguez, son íconos de la trova cubana, ambos llenan estadios completos de sus fanáticos en sus conciertos en América Latina y en Europa. Es enorme el número de canciones compuestas y cantadas por este hombre, que un grupo de ultra reaccionarios de esta ciudad tratan de repudiar. Cumplen bien sus consignas de “El arte al fuego”.

Es por eso que las pocas críticas que se conocen sobre este maravilloso cantautor proceden del segmento más cavernícola de los cubanoamericanos que residen en esta ciudad de Miami. Claro, esos tipos odian todo lo que huela a Cuba. Si no hicieran tanto ruido localmente y tanto daño en Washington, no habría ninguna razón para referirse a ellos. Pero sí hacen ruido en esta ciudad, creando un clima de intolerancia y con ello, mandando un mensaje internacional que la comunidad cubana que aquí reside es intolerante, intransigente, inculta, fascista y antidemocrática, cuando eso no es enteramente cierto. La mayoría de los cubanos que vivimos en este Miami no reunimos esas características. Centenares de miles de cubanos, que viven aquí, trabajan, mantienen y educan a sus familias y viajan a Cuba a ver y ayudar a los familiares que allí dejaron. Pero el grupo vociferante, o controla los medios de comunicación de la ciudad o estos le dan los espacios que le niegan a las voces de la mayoría.

Los organizadores del concierto han logrado que, por grandes sumas de dinero, le hayan colocado vallas de publicidad en varias calles de Miami. Lo más probables es que éstas pronto sean removidas, por la presión de estos grupos de fascistas, tal y como hicieron, hace unos meses con una valla en defensa de los Cinco anti terroristas presos en los Estados Unidos, que un grupo de buenos cubanos logró que le pusieran en una transitada vía de la ciudad, pero que duró lo que dura un merengue en la puerta de un colegio, debido a la presión y a las amenazas de estos terroristas criollos.

Lo que sí parece inevitable, por lo menos por el momento, es que el concierto del 27 de agosto de Pablito Milanés en Miami será una realidad. Todo hace indicar que, en esta ocasión, la caverna cubanoamericana no logrará su objetivo. Me imagino que algunos de ellos se concentrarán frente al lugar donde se realizará el concierto a lanzar su veneno al aire, como lo han hecho en tantísimas ocasiones. Pero me parece que eso es todo lo que van a lograr. Según apuntan los hechos, los cubanos que residen en Miami y que no pertenecen a esa caterva anticubana, disfrutarán de la voz y la melodía de ese ídolo de América Latina, Cuba y el mundo, Pablo Milanés.

*Lázaro Fariñas, periodista cubano residente en EEUU.


Fuente: enviado por el autor a MARTIANOS-HERMES-CUBAINFORMACIÓN

http://martianos.ning.com/profiles/blogs/pablo-milan-s-en-la-boca-del-lobo-por-l-zaro-fari-as

miércoles, 3 de agosto de 2011

El Talón de Aquiles

Margarita Alarcón Perea

Las mareas están cambiando en Cuba y esto se convierte en motivo de noticias por todas partes. Durante las palabras de clausura de la reciente sesión plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular el presidente Raúl Castro habló de muchos temas e hizo referencia a otros que serán muy bien recibidos en el seno de la población nacional. Uno de estos, al que suelo calificar como el Talón de Aquiles de la Revolución cubana, es el controvertido “permiso de salida”.

Durante la mayor parte de los últimos 47 años para que un cubano residente en la isla pudiera viajar fuera del país, se le requería obtener lo que en Cuba se conoce como “la tarjeta blanca” o permiso de salida. Dicho documento ni es una tarjeta ni es blanca, es un cuño que emiten los oficiales de inmigración que, esencialmente, le permite al individuo salir del país y permanecer fuera de este por determinados períodos de tiempo que nunca debe exceder los 11 meses. Ayer durante una parte de su intervención final ante el cuerpo nacional de legisladores, Raúl Castro dejó entender que esto iba a ser un tema del pasado.

Ahora la bola está en el otro lado de la cancha. Mientras ocurre esto, cubanos americanos y estadounidenses dentro del Congreso de los Estados Unidos continúan insistiendo en restringir los viajes hacia la isla a los ciudadanos de ese país, y a aquellos que tengan familia y lazos con la Isla.

Las restricciones de viajes en Cuba se implementaron a principios del triunfo revolucionario para evitar que criminales de la dictadura de Batista escaparan del país, para evadir el juicio legal por sus crimines de lesa humanidad. Lamentablemente, nadie se acordó de eliminar esta restricción y con el paso de tiempo se convirtió en el estatus quo. Como dijera Raúl la otra noche, “la inmigración cubana ya no es política, es económica”, no hay motivos para prohibir la salida de aquellos que así lo deseen, tampoco para impedir el regreso a los que prefieran volver.

La pregunta ahora es: ¿Cuántos países le van a abrir las puertas a los emigrantes cubanos? Me atrevo a asegurar que muchos. Precisamente por el hecho de que, a pesar de ese Talón de Aquiles, la Revolución cubana ha formado, durante todos estos años, una población con un alto nivel de escolaridad y formación integral general, lo cual se evidencia, entre otros logros, por obtener y mantener un índice de alfabetización del 98,7% y uno de los sistemas de salud pública más completos de la región. La isla cuenta con una comunidad científica e intelectual comparable a la de los países más desarrollados del hemisferio occidental. Cuba no exporta revoluciones, exporta solidaridad y valores revolucionarios. De hecho muchos se van a ir, pero a pesar de los pesares, muchos más van a volver a la casa donde saben que deben estar.

martes, 26 de julio de 2011

Hay un almanaque lleno de 26

¿Cuestión de julios?
Más o menos siempre es julio.
¿Cuestión de hombres más o menos?
Por ahí andan.
¿Cuestión de decisiones?
Más o menos, casualmente,
momento más ser humano suman 26.

¿Cuestión de seres superiores?
No lo creo.
¿Cuestión de hombres con “H” grande?
Eso sí.
Si le cupiera más de un corazón
a un ser humano,
cada de uno de ellos
tuvo de seguro 26.

Amanece,
y a cualquier hora se siente
pero ahora está amaneciendo.

¿Cuestión de esquemas y valores?
No lo dudo.
¿Cuestión de haber nacido a tiempo?
Puede ser.
¿Cuestión de mostrarse similares?
Siempre hay tiempo:
hay un almanaque lleno de días 26.

Amanece.

Noel Nicola

sábado, 9 de julio de 2011

Tomado de Cubadebate

La guerra antinarco es un invento para limitar las libertades: Noam Chomsky
8 Julio 2011

David Brooks
Periódico La Jornada

Noam Chomsky afirma que la guerra contra las drogas fue inventada para suprimir tendencias democráticas en Estados Unidos y empleada para justificar las intervenciones y control de amenazas al poder imperial en el extranjero.

En entrevistas y escritos a lo largo de los años recientes, el intelectual disidente más destacado de Estados Unidos ha reiterado que esa guerra siempre ha tenido otros objetivos, distintos a los oficialmente pronunciados.

Afirma que mantiene la misma óptica sobre el tema que ofreció en entrevista a La Jornada en la ciudad de México, durante el festejo del 25 aniversario de este periódico, cuando afirmó:

“La guerra contra la droga, que desgarra a varios países de América Latina, entre los que se encuentra México, tiene viejos antecedentes. Revitalizada por Nixon, fue un esfuerzo por superar los efectos de la guerra de Vietnam en Estados Unidos.

“La guerra (de Vietnam) fue un factor que llevó a una importante revolución cultural en los 60, la cual civilizó al país: derechos de la mujer, derechos civiles, o sea, democratizó el territorio, aterrorizando a las elites. La última cosa que deseaban era la democracia, los derechos de la población, etcétera, así que lanzaron una enorme contraofensiva. Parte de ella fue la guerra contra las drogas.

“Ésta fue diseñada para trasladar la concepción de la guerra de Vietnam, de lo que nosotros les estábamos haciendo a los vietnamitas, a lo que ellos nos estaban haciendo a nosotros. El gran tema a finales de los 60 en los medios, incluso los liberales, fue que la guerra de Vietnam fue una guerra contra Estados Unidos. Los vietnamitas estaban destruyendo a nuestro país con drogas. Fue un mito fabricado por los medios en las películas y la prensa. Se inventó la historia de un ejército lleno de soldados adictos a las drogas que al regresar se convertirían en delincuentes y aterrorizarían a nuestras ciudades. Sí, había uso de drogas entre los militares, pero no era muy diferente al que existía en otros sectores de la sociedad. Fue un mito fabricado. De eso se trataba la guerra contra las drogas. Así se cambió la concepción de la guerra de Vietnam a una en la que nosotros éramos las víctimas.

“Eso encajó muy bien con las campañas en favor de la ley y el orden. Se decía que nuestras ciudades se desgarraban por el movimiento antibélico y los rebeldes culturales, y que por eso teníamos que imponer la ley y el orden. Allí cabía la guerra contra la droga.

“Reagan la amplió de manera significativa. En los primeros años de su administración se intensificó la campaña, acusando a los comunistas de promover el consumo de drogas.

“A principios de los 80… fue cuando la tasa de encarcelamiento se incrementó de manera significativa, en gran parte con presos negros. Ahora el número de prisioneros per cápita es el más alto en el mundo. Sin embargo, la tasa de criminalidad es casi igual que en otros países. Es un control sobre parte de la población. Es un asunto de clase.

La guerra contra las drogas, como otras políticas, promovidas tanto por liberales como por conservadores, es un intento por controlar la democratización de fuerzas sociales, concluyó.

Chomsky abundó sobre estos puntos en su ponencia en la UNAM, donde agregó más sobre las dimensiones internacionales de la guerra antinarco de Estados Unidos. Afirmó que al intervenir para controlar políticamente ciertas regiones del mundo, incluyendo América Latina, “el pretexto es la ‘guerra contra las drogas’, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una ‘guerra’ en tierras extranjeras.

“Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la ‘guerra contra las drogas’ no son los que se anuncian.

“Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de ‘limpieza social’ en lo interno, enviando enormes números de personas ’superfluas’, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 40 años”.

En sus ensayos, por ejemplo en su libro Hopes and prospects (Esperanzas y realidades), Chomsky escribió que sería imposible pensar que Estados Unidos aceptaría cualquier intromisión de otro país u organización internacional para controlar el consumo y producción de estupefacientes en su propio territorio. La idea de que extranjeros deben interferir con la producción y distribución de sustancias letales (en Estados Unidos) es plenamente impensable. El hecho de que la justificación para los programas antinarcóticos en el extranjero es aceptado como plausible, hasta considerado como algo que vale la pena discutir, es otra ilustración de las profundas raíces de la mentalidad imperial en la cultura occidental.

martes, 5 de julio de 2011

Sobre la crisis

¿Crisis terminal del capitalismo?
Leonardo Boff | ALAI AMLATINA

Vengo sosteniendo que la crisis actual del capitalismo es más que coyuntural y estructural. Es terminal. ¿Ha llegado el final del genio del capitalismo para adaptarse siempre a cualquier circunstancia?. Soy consciente de que pocas personas sostienen esta tesis. Dos razones, sin embargo, me llevan a esta interpretación .
La primera es la siguiente: la crisis es terminal porque todos nosotros, pero particularmente el capitalismo, nos hemos saltado los límites de la Tierra. Hemos ocupado, depredando, todo el planeta, deshaciendo su sutil equilibrio y agotando sus bienes y servicios hasta el punto de que no consigue reponer por su cuenta lo que le han secuestrado. Ya a mediados del siglo XIX Karl Marx escribía proféticamente que la tendencia del capital iba en dirección a destruir sus dos fuentes de riqueza y de reproducción: la naturaleza y el trabajo. Es lo que está ocurriendo.

La naturaleza efectivamente se encuentra sometida a un gran estrés, como nunca antes lo estuvo, por lo menos en el último siglo, sin contar las 15 grandes diezmaciones que conoció a lo largo de su historia de más de cuatro mil millones de años. Los fenómenos extremos verificables en todas las regiones y los cambios climáticos, que tienden a un calentamiento global creciente, hablan a favor de la tesis de Marx. ¿Sin naturaleza cómo va a reproducirse el capitalismo? Ha dado con un límite insuperable.

Él capitalismo precariza o prescinde del trabajo. Existe gran desarrollo sin trabajo. El aparato productivo informatizado y robotizado produce más y mejor, con casi ningún trabajo. La consecuencia directa es el desempleo estructural.

Millones de personas no van a ingresar nunca jamás en el mundo del trabajo, ni siquiera como ejército de reserva. El trabajo, de depender del capital, ha pasado a prescindir de él. En España el desempleo alcanza al 20% de la población general, y al 40% de los jóvenes. En Portugal al 12% del país, y al 30% entre los jóvenes. Esto significa una grave crisis social, como la que asola en este momento a Grecia. Se sacrifica a toda la sociedad en nombre de una economía, hecha no para atender las demandas humanas sino para pagar la deuda con los bancos y con el sistema financiero. Marx tiene razón: el trabajo explotado ya no es fuente de riqueza. Lo es la máquina.

La segunda razón está ligada a la crisis humanitaria que el capitalismo está generando. Antes estaba limitada a los países periféricos. Hoy es global y ha alcanzado a los países centrales. No se puede resolver la cuestión económica desmontando la sociedad. Las víctimas, entrelazas por nuevas avenidas de comunicación, resisten, se rebelan y amenazan el orden vigente. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, no aceptan la lógica perversa de la economía política capitalista: la dictadura de las finanzas que, vía mercado, somete los Estados a sus intereses, y el rentabilismo de los capitales especulativos que circulan de unas bolsas a otras obteniendo ganancias sin producir absolutamente nada a no ser más dinero para sus rentistas.

Fue el capital mismo el que creó el veneno es el que lo puede matar: al exigir a los trabajadores una formación técnica cada vez mejor para estar a la altura del crecimiento acelerado y de la mayor competitividad, creó involuntariamente personas que piensan. Éstas, lentamente van descubriendo la perversidad del sistema que despelleja a las personas en nombre de una acumulación meramente material, que se muestra sin corazón al exigir más y más eficiencia, hasta el punto de llevar a los trabajadores a un estrés profundo, a la desesperación, y en algunos casos, al suicidio, como ocurre en varios países, y también en Brasil.

Las calles de varios países europeos y árabes, los “indignados” que llenan las plazas de España y de Grecia son expresión de una rebelión contra el sistema político vigente a remolque del mercado y de la lógica del capital. Los jóvenes españoles gritan: «no es una crisis, es un robo». Los ladrones están afincados en Wall Street, en el FMI y en el Banco Central Europeo, es decir, son los sumos sacerdotes del capital globalizado y explotador.

Al agravarse la crisis crecerán en todo el mundo las multitudes que no aguanten más las consecuencias de la superexplotación de sus vidas y de la vida de la Tierra y se rebelen contra este sistema económico que ahora agoniza, no por envejecimiento, sino por la fuerza del veneno y de las contradicciones que ha creado, castigando a la Madre Tierra y afligiendo la vida de sus hijos e hijas.

- por: Leonardo Boff, Teólogo / Filósofo y autor de "Proteger a Terra-cuidar da vida: como evitar o fim do mund", Record 2010.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=441

viernes, 1 de julio de 2011

Flotilla pacífica hacia Gaza

Entrevista al escritor Santiago Alba Rico
"La Flotilla es la marina pacífica de ese otro país global, democrático y justo, que se está construyendo en todas partes"

Ramón Pedregal Casanova
Rebelión


El caso de Santiago Alba Rico, filósofo, escritor, traductor, guionista, autor de teatro, es el de un intelectual comprometido con los pueblos en lucha. Para quien no le conozca un dato como el que forme parte de la Flotilla por la Libertad de Gaza ya puede representar un elemento por medio del cual hacerse una idea de a quien se une como intelectual y como ser humano. Otras personas habrán leído artículos o libros suyos, no me resisto a mencionar algunos de estos últimos aquí: “Dejar de pensar”, “Volver a pensar”, “Las reglas del caos”, “El Islam jacobino”,”Leer con niños”, “Capitalismo y nihilismo”, y los dos últimos publicados, “Noticias”, en Editorial Caballo de Troya, y, “Túnez, la revolución”, en Editorial Hiru; ahora pueden sumergirse ustedes, y les invito a ello, en sus palabras de respuesta, hace tan solo unas horas, a las preguntas que le hicimos antes de que como tripulante del Gernika partiese para Gaza.

Santiago, ¿cómo ves la situación internacional? ¿se puede decir que los gobiernos occidentales apoyan al sionismo mientras los pueblos apoyan al pueblo de Gaza y al pueblo palestino? Si los sionistas, que incumplen todas las resoluciones de la ONU y rompen todo el Derecho Internacional, atacan a la Flotilla ¿qué puede ocurrir en los países occidentales, que vive bajo la crisis capitalista y con aire democrático ante un nuevo crimen como el del año pasado?

La segunda flotilla zarpará en condiciones muy distintas a las del año pasado, y estas nuevas condiciones tienen que ver, sin duda, con lo que ocurrió el año pasado, pero también con el nuevo contexto internacional. Las revoluciones en el mundo árabe y el descontento popular en Europa, sacudidas sísmicas inscritas en la misma falla tectónica del capitalismo global, hacen pensar que Israel tratará de “contenerse”, como le ha pedido nuestra ministra Jiménez. El asunto es que estamos hablando de Israel, el único Estado del mundo sobre el que ningún país -ni siquiera EEUU- puede ejercer ninguna presión; es, por así decirlo, una fuerza autista que, contra la pared, decidirá siempre desde dentro, con arreglo a impulsos ideológicos inmanentes y probablemente en el último momento. No hay ninguna dictadura en el mundo que se someta menos a presiones externas ni que sea más impermeable a la diplomacia. Su nerviosismo es notorio. De momento está tratando de impedir por todos los medios que salgamos: a través de presiones sobre Turquía, Europa y Estados Unidos (Israel sí puede ejercer eficazmente presiones), pero también a través de la amenaza y el sabotaje. De momento han conseguido bloquear dos barcos y dejar otro fuera de juego y hay que contar con que seguirá intentándolo por todas las vías. Una vez en el agua, se barajan varios posibles escenarios, entre ellos, como el más probable, el asalto y secuestro de barco y pasajeros con un grado de violencia que se decidirá -imagino- en el último momento, y por supuesto con independencia de nuestra actitud, que será enteramente pacífica. En este marco, el hecho de que la Flotilla esté apoyada por todos los pueblos del mundo, aparte de constituir la única protección para los que viajaremos en el Gernika, sirve también para dejar cada vez más clara la fractura entre democracia y gobierno y la humillante dejación de soberanía de nuestros Estados, que desprecian la voluntad de las mayorías en favor de Israel (o de las instituciones financieras del capitalismo internacional).

A estas horas los sionistas estarán mirando los mapas, pero también los grupos de apoyo a Rumbo a Gaza en todo el Estado español están pendientes de los acontecimientos; para empezar en la Puerta del Sol de Madrid quedará instalado un centro de información con la colaboración del 15 M; tu que has estado en contacto directo con otros tripulantes ¿qué impresión tienes de lo que ocurre más allá del Estado español?

A la espera de reunirme con los demás compañeros en el barco, mi contacto con los miembros de la Flotilla que se encuentran en Atenas -del Estado español o de otros países- no hace sino reforzar mi convencimiento de que Israel no podrá impedir que salgan una y otra vez Flotillas en dirección a Gaza, y que todas sus presiones y sabotajes no harán sino alimentar la obstinación de un movimiento, este año mayoritariamente occidental, que ha comprendido la responsabilidad de Europa y EEUU en el sufrimiento de otros pueblos y está dispuesto a sustituir a sus gobiernos como garante de los derechos humanos y de la legislación internacional en Palestina y en el mundo. La Flotilla es -digamos- la marina pacífica de ese otro país global, democrático y justo, que se está construyendo en el mundo árabe, en España, en Grecia, en todos los rincones del planeta. Por eso la Flotilla no está compuesta de unos cuantos barcos; la Flotilla es inmensa, está en tierra, en todas partes; en estos barcos viajan cientos de miles de personas, millones de personas. En estos barcos viajan todas las personas que soplan desde tierra para que el viento nos lleve hasta Gaza. Que los gobiernos comprendan que la mayor parte de los pasajeros de la Flotilla no están en los barcos sino en tierra es nuestro más poderoso instrumento de presión. No podemos presionar directamente sobre Israel, pero sí podemos hacerlo sobre nuestros gobiernos en un momento en el que su credibilidad y legitimidad están seriamente mermadas. Los pasajeros del Gernika confiamos plenamente en nuestras poderosísimas fuerzas terrestres; todas las ciudades del mundo han soltado amarras y viajan ya a nuestro lado hacia Gaza. Diez barquitos no pueden resistir el embate de Israel; pero es que nuestros otros barcos, los de tierra firme, son tan poderosos que pueden navegar por las calles y anclar en las plazas e imponer bloqueos morales a los parlamentos y los palacios.

¿Tienes noticias de lo que sucede en Gaza y si esperan la llegada de la Flotilla?

Como sabes, más de cuarenta organizaciones de las sociedad civil palestina han anunciado desde allí su apoyo a la Flotilla y su esperanza de recibirnos. Los gazatíes nos esperan, tenemos una cita y sería una gran descortesía por nuestra parte no acudir. Por lo demás, la Flotilla en sí misma no tiene importancia salvo en la medida en que ilumina lo que ocurre en Gaza. Gaza es la noticia: el bloqueo tantas veces olvidado, la situación sanitaria, económica y social, el dolor y la dignidad de un pueblo cuya sola existencia -con independencia de lo que haga- es un obstáculo para israel. En intención, la política de Israel convierte a los palestinos en el objeto de un “holocausto”, en su sentido etimológico original: el de un sacrificio en el que todos son potencialmente las víctimas. El caso de Gaza es ejemplar: la aplicación de un castigo colectivo que incluye ancianos, enfermos y niños.

Como buen conocedor de la situación en los países árabes ¿nos puedes decir algo con respecto a lo que sucede en ellos en estos momentos y si los pueblos tienen la vista puesta en la Flotilla y en cómo se puede romper el cerco de los sionistas a Gaza?

Las revoluciones árabes continúan de Mauritania a Bahrein, con avances y retrocesos desiguales y con la posibilidad de que la intervención selectiva de las potencias occidentales las haga descarrilar o entrar en una vía muerta. Pero lo cierto es que los pueblos árabes han tomado la palabra y al hacerlo han puesto en dificultades a todos los actores de la zona, que preferían el equilibrio pugnaz ya conocido que este inesperado “desorden” democrático. En este sentido, Israel tiene muchos motivos para estar preocupado. Como recuerda el analista israelí Ben Kasbit, todos los cambios que en la zona lleven a un aumento de la democracia ponen en peligro la existencia de Israel, al menos en su concepción colonial-sionista, pues si algo comparten las poblaciones árabes es su justa animosidad frente al Estado hebreo que masacra a los palestinos. De hecho, las dictaduras árabes que ahora están tratando de derrocar los pueblos funcionaban también como escudos de protección de Israel frente a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Si los árabes logran expresarse democráticamente pedirán enseguida -como ya ocurre en Egipto y en Túnez- la revisión de las relaciones con Israel y la adopción de medidas orientadas a una solidaridad real con Palestina. En esto están de acuerdo todas las fuerzas políticas, ya sean de izquierdas o islamistas. Los cambios de gobierno en la zona, incluso si al final no llegaran tan lejos como nos gustaría, han cambiado ya de hecho la región, obligando a EEUU a modificar sus alianzas e incluso a chocar por primera vez con Israel. Y ha cambiado también la región porque ha redignificado y unificado el mundo árabe al margen de la religión y para vincularlo inmediatamente a un movimiento global o, al menos, mediterráneo que nos obliga a repensar todos nuestros parámetros de interpretación. El mundo árabe vuelve al centro de la historia y no hay que olvidar que el centro simbólico del mundo árabe es Palestina. El centro de la historia es ahora Palestina. Y por eso -como dejan bien claro los medios árabes más importantes, incluso en medio de las convulsiones de Siria, Libia y Yemen- la Flotilla ocupa un lugar importante en la atención del mundo árabe.

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